sábado, 16 de febrero de 2019

Congruencia, nada más…


enviado a publicación el 16 de noviembre de 2010 en La Jornada Morelos

Le tengo una propuesta irrechazable y “decorosa”. ¿Qué tal si, en el patio de su casa, en ese espacio que le sobra, ahí al ladito de su portón, traemos un proyecto de inversión? Le explico mejor, antes de que me ponga cara de susto y pregunte “¿y yo, por qué?” o mejor dicho “¿en mi patio, por qué?
            Usted solamente pone el terreno, que le compraremos a muy buen precio. Con esta inversión, de la mitad de su presupuesto familiar anual (la inversión total, de la que el terreno es una mínima fracción), vamos a solucionar sus problemas energéticos. No tendrá que preocuparse por la escasez energética; además, un proyecto así representará fuentes de empleo para sus vecinos (o para usted y sus familiares), pues construirla requerirá mano de obra, y operar las instalaciones también. En el entendido de que, si usted o sus familiares no tienen el perfil, ¡con la pena!, tendremos que contratar a sus vecinos, quienes estarán muy agradecidos. Además, con una inversión así, será reconocido por sus colegas como un gran administrador.
            Suena bien, ¿verdad?
Que la instalación requiere un suministro constante de gas, y no del de su tanque estacionario, sino gas natural, para lo que tendremos que construir un gasoducto que atraviese toda su casa, es un detalle.
Que generará tanta energía eléctrica que se venderá también a sus vecinos, venta de la que a usted no le tocará un peso, es otro detalle.
Que vamos a utilizar grandes cantidades de agua en la construcción y operación del proyecto, es otro detalle.
Que, además, debido a la generación de azufre, habrá contaminación del aire y del entorno cercano (pero sólo muy cercano, no se preocupe usted, nada que perjudique a los vecinos), y cuando el viento sople en contra, las emisiones de vapor “limpias” entrarán a su casa; es otro detalle.
Que la estética de su patio (y toda su casa por consecuencia) se verá afectada y tendrá menos visitantes, de esos que apreciaban su espacio para tenderse al sol y disfrutar de la naturaleza, es otro detalle.
            Que usted seguirá pagando la luz a la tarifa de costumbre, es, efectivamente, otro detalle.
Ante este alud de detalles, las comillas sobre lo “decoroso” de la propuesta se justifican, y lo irrechazable deja de serlo, ¿verdad?
            Una propuesta similar le están haciendo, mientras lee usted estas líneas, al Congreso de la Unión, sólo que la casa de usted es nuestro Estado de Morelos; el patio, Yecapixtla; los visitantes, el turismo (la industria más importante en nuestro estado) y la inversión millonaria (de poco más de la mitad del Presupuesto de Egresos del Estado de Morelos) se destinará a la construcción de dos termoeléctricas de 600 MW y el gasoducto que las alimentará. Estas termoeléctricas generarán más de 3 veces la energía que consumimos en Morelos. El excedente lo enviaremos a quienes la requieran, como el Distrito Federal o el Estado de México, quienes podrán consumirla sin el gasto de agua, ni la carga contaminante en sus espacios vitales. Además de este altruismo solidario hacia aquellas entidades que consumen más energía, los promotores de este mega proyecto señalan que el gasoducto alimentará a la industria morelense. Sin embargo, falta información precisa sobre “detalles” muy importantes del proyecto, ¿qué industria se beneficiará con el gasoducto?, ¿a cuánto asciende el beneficio económico para este sector?, ¿quiénes pagarán esta extensión del gasoducto?
            No sé usted, pero yo, cuando recibo una propuesta que involucra mi patrimonio y bienestar, la analizo con cuidado y más en el largo plazo. Tanto, que consulto las fuentes especializadas que puedan ayudarme a tomar una mejor decisión. Para este breve artículo, por ejemplo, consulté las estadísticas de la SENER, el Presupuesto de Egresos del Estado de Morelos, varios artículos en Internet y a un par de académicos miembros de las Academias de Ciencias de Morelos y de Ingeniería de México, que me ayudaron a calcular el impacto que un proyecto de esta naturaleza tendría.
            No espero que las autoridades estatales sepan todo. Es más, clara y contundentemente han demostrado que, igual que el resto de nosotros, saben bien poco de un sinnúmero de temas; pero sí espero que consulten a los expertos. Especialmente cuando no pierden oportunidad en recordarme lo importante que es la comunidad científica de la entidad y lo necesario que es acercar a los investigadores a la realidad estatal. “A predicar con el ejemplo”, me decía mi abuelita.
            Por si fuera poco, los expertos en energía, ingeniería y ambiente están, literalmente, a la vuelta de la esquina, agrupados en tres respetabilísimas asociaciones académicas, ajenos a compromisos políticos o institucionales: la Academia de Ciencias de Morelos, la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades del Estado de Morelos y la Academia de Ingeniería de México, Coordinación Regional Centro.
            “Morelos: tierra del conocimiento”, es el slogan que tan orgullosos nos hace sentir a muchos.  Apliquemos ese conocimiento que nos es reconocido a nivel internacional y encontremos proyectos de generación de riqueza congruentes con nuestras fortalezas y capacidades; que privilegien nuestro entorno; que sean sustentables e innovadores.
            Generemos energía, pero de fuentes renovables cuya infraestructura ya sea condición existente en Morelos, como la energía solar. No fue casualidad que hace más de treinta años la UNAM eligiera a Temixco como sede del entonces Laboratorio de Energía Solar, hoy Centro de Investigación en Energía. Centro que recibió en 1999, la “Venera José Ma. Morelos y Pavón / Morelenses de Excelencia”. 
            El gobierno estatal conoce bien la fortaleza académica en la entidad, ha reconocido el liderazgo en energías renovables, ha expresado su compromiso con la ciencia, la tecnología y la innovación y ha prometido mayores inversiones en el rubro de desarrollo tecnológico; sólo falta que sea congruente entre el dicho y el hecho, “nada más”.


jueves, 8 de marzo de 2018

Me duele la cara
Publicado en la columna Y sin embargo de La Unión de Morelos el 7 de marzo de 2018.
(Agradecimiento a Antonio del Río, Anahí Olmos y a la Asoc. de Colonos de Jardines las Delicias)
El lunes antepasado, como todos los lunes, me tocó ducha larga. Tengo la costumbre, todos los lunes de dedicarle más tiempo a mi rutina de limpieza que el resto de la semana. Me lavo el cabello con shampoo de limpieza profunda, me pongo la mascarilla nutritiva para mi cabello mientras me hago una exfoliación ligera de cara con miel de abeja y bicarbonato de sodio y luego, disfruto la sensación del agua mientras me enjuago cara y cabello. Bueno, hace diez días, la rutina fue muy distinta. Justo al momento del enjuague, sucedieron dos cosas. La primera, me ardió la cara. Del susto, me volteé para evitar el agua en mi rostro y seguí enjuagándome el cuerpo. ¡Oh, sorpresa!, en lugar de sentir la piel libre de jabón, la sentía aún más resbalosa. Como si tuviera una ligera capa de algo… no tan denso como aceite de bebé, pero más lubricado que la sensación del jabón que trataba de eliminar. Entonces caí en cuenta, “el agua de nuestros pozos SÍ está contaminada”, y le pedí a gritos a mi hija que me trajera el garrafón de agua que había comprado un par de días atrás, para poderme enjuagar lo mejor posible con agua potable. 
Hace más de 6 años no compro garrafones de agua, desde que instalé filtros de agua en mi cocina, en mi oficina, en la casa de mi mamá y de mi papá. Era, hasta hace quince días una orgullosa defensora del agua de filtro, y “cuidadora del planeta”. Esa sana costumbre terminó hace quince días, cuando en distintos puntos de la colonia en la que vivo, se instalaron sendas mantas que alertaban sobre una posible contaminación del agua de nuestros dos pozos y nos advertían sobre no usarla para consumo humano. El rumor era que el agua olía a hidrocarburos. Y digo rumor porque la verdad, a mí no me olía a nada el agua. Hasta que, me ardió la cara.
Debo dar un poco de contexto, el viernes anterior a mi desagradable regaderazo, nuestra junta de colonos hizo una reunión informativa, a la que no pude asistir, pero de la que cito textualmente parte del mensaje que nos enviaron por correo: “Se contactó con CONAGUA, CEAGUA, SAPAC y Protección Civil. Personal técnico de estas instituciones fue a ver nuestros pozos y tanque de almacenamiento y después hacer pruebas organolépticas, dijeron lo siguiente:‘CONAGUA, CEAGUA y SAPAC, que el agua del pozo de Jacaranda y del tanque de almacenamiento de Jacaranda, presentan olor a hidrocarburos. CEAGUA dijo que también el pozo de Colorín lo presenta. Protección Civil dijo que el tanque de almacenamiento de Jacaranda presenta un olor ligeramente desagradable y que no se recomienda su uso para consumo humano. Para resolver el problema, CEAGUA y CONAGUA recomiendan drenar los pozos hasta que el agua salga limpia. SAPAC recomienda ponerle cantidades grandes de cloro y bicarbonato. La única institución que nos dio algo por escrito fue Protección Civil.CONAGUA volvió días después, para tomar muestras y llevarlas a analizar. Se contactó con varios laboratorios para pedir cotizaciones del análisis del agua”
Entre los laboratorios se incluye uno de relevancia Nacional que está localizado en Morelos y que tiene la misión de “Producir, implantar y diseminar conocimiento, tecnología e innovación para la gestión sustentable del agua en México”.Recibimos un correo de su parte en el que nos comunican “Buenas tardes. Revisando su solicitud de cotización, le comento que no podemos realizar el servicio. Le dejo los datos de un laboratorio que está en la CDMX y con los cuales hemos trabajado.” En un correo posterior, nos explican porque no pueden hacer los análisis: “Buen día. El motivo por el que no podemos realizar el servicio se debe a que no contamos con el equipo para determinar gasolina y no estamos acreditados ante la EMA para ese parámetro.Saludos cordiales”  
Se entiende que no cuenten con el equipo adecuado, o las pruebas montadas, pero es muy lamentable que una institución de investigación, cuya misión es resolver problemas para ayudar a la sociedad, simplemente cierre las puertas con respuestas como esa. Especialmente, cuando como comunidad académica en Morelos, hemos estado durante más de 20 años insistiendo por todos los medios posibles sobre la capacidad de los centros de investigación para ser referentes, que apoyen a la sociedad. Proclamandoque nos faltan problemas retadores, que debemos unirnos y hacer más por la ciudadanía para combatir temas ambientales, económico y sociales para lograr un mundo mejor. 
Debo reconocer que, conforme he ido reflexionando sobre el tema, entre la indignación, la incredulidad y la franca desolación, me ha invadido otro sentimiento: la culpa. Resulta que el día de la junta, cuando me enteré de la indiferencia del centro de investigación, decidí tuitear un mensaje sobre el tema. Y a los pocos minutos me citaron un tuit que daba entrada a una nota sobre el tema. Me enteré entonces que hacía más de seis meses la gente de Ocotepecmanifestó el mismo problema que nosotros. Me quedé helada. Yo, en mi nube personal, ni me enteré, ni me preocupé, ni me enojé. Saber que hay un tema de contaminación en Ocotepec desde hace tanto tiempo y que no ha sido un tema para las autoridades me parece indignante, y me parece aún más indignante que no hay una vinculación real entre el sector académico y la sociedad para atender los problemas que nos afectan directamente.
Sé que soy una afectada directa; sin embargo, este problema no es personal, la cuestión es que tenemos un problema de contaminación en los mantos freáticos en Ocotepec desde hace 6 meses y sólo se está agravando más mientras pasa el tiempo. No sólo no se está haciendo nada al respecto, sino que ni siquiera se ha dimensionado realmente el problema. No hay datos, y las soluciones que nos plantean las autoridades son absurdas y no atacan el problema de raíz. 
Desde hace 18 años soy parte de una gran comunidad que busca una integración entre la comunidad científica y la sociedad. Desafortunadamente, en está ocasión no estamos siendo lo que se espera de nosotros como referentes académicos. Si este es el tipo de actitudes que vamos a tener como institutos, centros de investigación o universidades ante un problema real de una comunidad, yo personalmente, sí me siento muy decepcionada. 
Estoy cuestionando mucho está labor que hacemos como comunidad científica en la que siento que alegrementeprometemos poder ser una solución para los problemas reales de la Sociedad Mexicana y que cuando lo hacen les decimos: “pues no tenemos la prueba o no tenemos los reactivos”. Yo espero más de cualquier institución académica sin importar cuál sea la problemática.
Quizás estoy dejando que mi juicio se empañe porque me toca en mi casa, afecta mi salud y la de mi familia, pero la labor que hemos emprendido varios, desde hace muchos años es tratar de cerrar brechas entre la comunidad científica y la sociedad, y tengo la impresión de que en esta ocasión la brecha solo se abrió más. 
Confieso que, además, me siento hipócrita, pues ahora sí me estoy preocupado porque este problema pasa en mi colonia y me afecta a mí directamente, pero hace 6 meses cuando comenzó a suceder en Ocotepec, ni me enteré, ni me preocupé. Esa, sin duda, es una cuenta personal que tendré que saldar yo con mi conciencia. La lección que aprendo es sobre lo necesario que es estar en contacto con las noticias locales, leer más, escuchar más, involucrarnos más. Reconozco que hoy, a 10 días del baño contaminado, me he estado bañando en casa de mi mamá; y sin embargo… me sigue ardiendo la cara, pero ya no es por efecto del agua contaminada. Hoy me arde la cara, pero de indignación y de vergüenza.

sábado, 12 de marzo de 2016

Sueño hecho realidad

publicado el 12 de Marzo del 2016, en la columna "Con peras y manzanas" del Diario de Morelos

Este año mis papás se lucieron en mi cumpleaños. Todos en la escuela están festejado que mi mamá y mi tío Neto me llevaran a Disney.  Resulta que aprovechamos la visita a mi abuela Rosario en Ensenada, ella se quedó con el bebé (decirle Carlos como mi papá, es raro, con lo chiquito y bonito que está mi hermanito), y nos fuimos nosotros tres en camión a Disneylandia. Me gustó mucho ver a Cenicienta, a Mickey, la vuelta al Mundo Feliz y cerró con broche de oro el show de magia de la tarde. Sufrí horrible en las tazas del Sombrerero Loco, pero lo peor fueron los Piratas del Caribe, lloré todo el tiempo.
Aunque, ya de regreso, después de platicar con mis amigos en la primaria, me sentí fatal. Todos se hubieran muerto por subirse a Space Mountain y esos juegos horribles, y creo que me porté muy mal con mi mami y Neto. Ahora quiero llorar pero de la tristeza, ¡soy horrible! En lugar de estar buscando los hilos detrás de los monitos del Mundo Maravilloso, o de estar contando cuantas vueltas daban las tazas por viaje, o intrigada por los efectos de luz de los túneles, me gustaría ser como mis amigos, divertida, escandalosa y valiente. ¡Pobre de mi mami!, ¿por qué no puedo ser como los demás? Espero que Carlitos sea mejor hijo que yo.
La verdad es que yo creo que Disneylandia sería perfecto si tuviera recorridos para ver como funcionan los juegos. Eso de que pases al lado de un pirata y se dé cuenta y te espante, como si estuviera vivo, es… ¡guau! Eso sí sería divertido. O que el mago explicara sus trucos, cómo el agua aparece de repente, o se evapora sin calor. ¡Eso sería padrísimo!

Tardé 30 años en visitar el “Disneylandia” de mis sueños: un evento de Puertas Abiertas en diciembre de 2000 en el Centro de Investigación en Energía de la UNAM, hoy Instituto de Energías Renovables (IER, para los cuates). Ahí conocí mi vocación y la pasión de mi vida adulta. El tiempo que la comunidad del IER dedicó a preparar la exposición, a atendernos a chicos y no tan chicos se notó en la calidez y la calidad de la experiencia. Convivir con los académicos de los Centros de Investigación es fantástico; cada minuto que comparten explicando y haciendo su labor, acrecentando el conocimiento colectivo en distintas disciplinas es un gozo continuo.
Hoy, desde otra posición en la vida, he tenido el privilegio de colaborar con algunos eventos de Puertas Abiertas, ahora en el Instituto de Biotecnología de la UNAM (IBt). Lo hago con mucho gusto, con gran convicción, pero con más agradecimiento. Agradecimiento de esa niña de 7 años, que hace 40 quería encajar en una comunidad, quería entender más, quería responder preguntas, quería abrir los ojos. Agradecimiento de esta no tan niña que, cercana al medio siglo, vive convencida de la necesidad imperiosa que tenemos como mexicanos de invertir en Ciencia, Tecnología e Innovación y de promover un pensamiento sustentable y científico en toda la población. Agradecimiento por los miles de vidas que tocan los académicos en estos eventos de puertas abiertas y por la semilla de esperanza que siembran en cada uno de los visitantes. Porque, lo más importante es que las puertas que abren no son las del IER o las del IBt, son las de ese otro México que es posible.

¡Gracias, gracias, gracias!