jueves, 12 de septiembre de 2013

De lozas a losas

publicado en el el 12 de septiembre de 2013, en la columna "Con peras y manzanas" del Diario de Morelos


Una anécdota que me apena terriblemente es la que tiene que ver con el día que decidí no volver a manejar “en mi vida”.  Tenía catorce años, recién había terminado por segunda ocasión mi curso de manejo un día antes y conducía el Topaz automático de mi madre, con ella de copiloto por supuesto. Rumbo al super, me lancé a un crucero como el “borras”, sólo con la vista al frente. Mi santa madre apenas alcanzó a gritar “¡Fíjate por donde vas, voltea antes de cruzar!”. Yo, con eso tuve. Se me inundaron los ojos de lágrimas, llegamos a nuestro destino y con voz sollozante, le entregué sus llaves a mi mamá y muy dignamente exclamé: “No te preocupes, no vuelvo a manejar. Yo para esto no sirvo”.  Lo peor no fue mi drama, sino que tardé diez en años en volver a manejar un auto (gracias Oscar) y desde entonces lo he disfrutado y aprovechado enormidades.

La crítica y como la recibe el criticado suele ser un tema incómodo. Incluso, hemos llegado a calificar como “constructiva” a aquella que nos hace mejorar, en oposición al resto de las críticas que por lo tanto son “destructivas”. Se han perdido amistades, negocios y hasta matrimonios por una crítica mal recibida. En este terreno tenemos como individuos mucho que aprender de la cultura científica. Resulta que en el terreno académico un colega que no critica un trabajo o una aportación se considera mediocre, falto de interés o incluso mal intencionado, al no aportar elementos de mejora o de cuestionamiento a la labor de sus pares. La crítica es indispensable en el quehacer científico y tecnológico. Y nadie que se respete en este campo se atrevería a matizar la crítica como constructiva o no. Toda crítica bien fundamentada construye, contribuye a una mejor aportación y un aprendizaje valiosísimo para quien es criticado.

Hace una semana cometí un error ortográfico, al mencionar una losa de concreto. Escribí loza, con “z”. Palabra homófona que es sinónimo de vajilla o de piezas de cerámica o porcelana. Aún sigo agradecida al lector que me sacó de la ignorancia (gracias Humberto), y me dio una lección de gentileza y espíritu crítico.

La formación científica me ha ayudado a ver en la crítica, no un ataque personal, sino una oportunidad de enmendar mi actuar. Este sábado, cuando llevaba a mi madre a casa de la Tía Ana, sonreí cuando llamó mi atención para que soltara el celular y avanzara en el embotellamiento.  Desde entonces, sigo manejando y sigo usando el celular, pero no al mismo tiempo (gracias Mami).

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