jueves, 19 de diciembre de 2013

Poniendo por escrito…

publicado el 19  de diciembre de 2013, en la columna "Con peras y manzanas" del Diario de Morelos

Durante años, cuando me preguntaban por mi comida favorita respondía invariablemente: “albóndigas”. Las he comido rellenas de queso, de huevo cocido, de arroz, sin relleno, en caldillo de jitomate, de chipotle, de tomate verde, con espagueti, con clavo (¡guácala!), pequeñitas, grandotas, de res, de pollo y hasta de cerdo. Pero ningunas tan ricas como las que hacen las mujeres de mi familia. Sé que tanto mi madre como yo aprendimos a hacerlas por imitación. Ambas ayudamos en nuestras respectivas infancias a su madre (mi abuela). Las recetas de mi abuelita Lola, son parte del acervo culinario familiar. El conocimiento se transmitió por socialización; es decir, sin que hubiera una receta o un manual de por medio, como gran parte de las recetas familiares. Por esta razón, sé que las albóndigas de Lola, las de Graciela y las de Karla, son distintas. Muy parecidas, del mismo tamaño inclusive, con elementos comunes y sabores familiares, pero cada una de nosotras le hemos dado nuestro toque personal.
Este domingo platicaba con mi hija Karla, sobre su receta para hacer brownies (que le quedan buenísimos), y de cómo, a pesar de haberle pasado la receta escrita a una amiga suya, a la pobre mujer le quedaron “no tan buenos”. Una transferencia efectiva de conocimiento requiere tanto de compartir lo tácito, como lo explícito. Si mi madre y yo conserváramos el recetario de mi abuelita, estoy segura que lograríamos emular sus albóndigas a la perfección.
Este año he interactuado con la comunidad de la Universidad Tecnológica del Sur del Estado de Morelos (UTSEM). Con gran gusto he podido ver como su cuerpo docente comparte una cultura académica integral, técnicamente sólida y ética. En este primer año de vida, la UTSEM no sólo ha logrado homologar la cultura educativa de su comunidad mediante la convivencia, compartiendo conocimiento tácito; sino que, de manera muy destacable, decidieron institucionalizar el conocimiento, al explicitarlo en documentos de dominio público.
Contar con documentos de referencia en nuestras instituciones educativas, además de compartir una cultura de manera cotidiana, asegura un crecimiento continuo, bien cimentado y orientado. Entender la importancia de generar estos documentos desde los primeros meses de vida de una universidad, es muestra clara de una actitud científica y crítica. ¡Felicidades a la comunidad UTSEM por esta iniciativa!

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