jueves, 27 de diciembre de 2012

De intérpretes a intérpretes…

publicado el 29 de noviembre de 2012, en la columna "Con peras y manzanas" del Diario de Morelos


Es bien sabido que una mala traducción mata películas, artículos y hasta romances. Más de una vez, un chiste mal traducido ha enviado al olvido diálogos que en su idioma original son épicos. Por otro lado, una buena traducción es sin duda parte del éxito de series como “Los Simpsons” o películas animadas como “Shrek”. El secreto de estas traducciones de primera está en que, más que traducciones literales, son traducciones contextualizadas. Un buen intérprete necesita más allá de ser n-lingüe, ser n-cultural para así lograr transmitir tanto el conocimiento explícito, dado por el lenguaje, como el tácito inmerso en el contexto, entre dos culturas de habla distinta.
En un entorno donde, por la complejidad de lo cotidiano, se van generando subculturas (cultura científica, cultura empresarial, cultura fiscal, cultura ambiental, por mencionar algunas), se va haciendo cada vez más necesaria la formación de intérpretes. Podemos pensar, equivocadamente, que en una región particular, Morelos por ejemplo, dado que todos hablamos español, basta sentar juntos a un empresario y a un científico para que logren concretar un proyecto. Nada más equivocado que esto. Para que se dé una relación efectiva que genere conocimiento, es necesario generar confianza, comunicar con claridad y encontrar una región de contextos compartidos. Ambas personas hablan español, e incluso, ambos están inmersos en el contexto de la ciudad y su cotidianeidad; sin embargo, sus vivencias, sus satisfactores profesionales, sus preocupaciones cotidianas y sus horizontes financieros, son distintos. Para lograr una comunicación efectiva, requerimos cada vez más, personas bi-culturales, vinculadores reales. Individuos que entiendan “en el alma” la necesidad de contar con evidencia para llegar a conclusiones, so pena de perder la credibilidad y destruir reputación. Pero también que comprendan, de igual manera, la responsabilidad de mantener una empresa, que quincena a quincena cuente con el flujo de efectivo para pagar nómina e impuestos. Esta comprensión se logra con la experiencia, no se aprende de oídas (o leídas), y es necesaria para dar justa medida a las inquietudes, temores, esperanzas y proyectos de empresarios y académicos.
Estos constructores de puentes entre sectores que hablan el mismo idioma, pero están embebidos en contextos diferentes, son necesarios para traducir en un inicio y para, más importante aún, generar un espacio confortable de interacción donde más adelante, académicos y empresarios generen y compartan una cultura común, la de la innovación. 

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