jueves, 27 de diciembre de 2012

De mensajes y mensajeros

publicado el 13 de diciembre de 2012, en la columna "Con peras y manzanas" del Diario de Morelos


Uno de mis más grandes defectos es mi falta de gracia para contar chistes o anécdotas. ¡Soy malísima! Además, como tengo la fortuna de contar con buenos amigos que son excelentes narradores y con un sentido del tiempo extraordinario para contar chistes, es aún peor. Peor por el contraste y por el desperdicio casi trágico que hago de tal acervo de buenos mensajes, que “mato” con mi pésimo medio de transmisión.
Y es que no basta con tener buena información, ni con tener emisores adecuados y receptores abiertos e interesados, es esencial contar con mecanismos de transmisión del mensaje que sean adecuados. Sólo así se logra la comunicación efectiva. Es un error pensar que la mera acción de enviar buenos mensajes es suficiente para llegar a un público sediento de información y conocimiento. De igual forma, contar con los canales, medios y formas de comunicación no es suficiente sin contenidos de calidad (generados por receptores sensibles) o sin receptores abiertos y dispuestos a enfocar su atención en una comunicación en particular.
Los grandes oradores, son además excelentes “sensores” del ambiente que los rodea. Elaboran mensajes de acuerdo a sus públicos y para lograr eso, necesitan escuchar, ponerse en los zapatos de quienes recibirán su mensaje y actuar en consecuencia. La comunicación es, como tantas otras cosas, un sistema donde las partes (emisor, receptor, mensaje, medio) son tan importantes como las interacciones entre ellas y el contexto en que están embebidas.
Para quienes comunican ciencia, la tarea es justo esta, lograr transmitir efectivamente un mensaje de alta calidad del área de su especialidad a un público en particular. Cuando el público está formado por sus pares académicos, suele ser una labor muy efectiva. Sin embargo, al cambiar la composición del público, la efectividad de la comunicación parece depender de que tan adaptable sea el emisor del mensaje a los distintos grupos a que se dirija. De ahí la importancia de los divulgadores de ciencia, que tienen la capacidad de recibir mensajes de parte de un sector académico altamente especializado y transmitirlos a distintos públicos, según sus habilidades y capacidades. Como en tantas actividades humanas, es la colaboración entre académicos y comunicadores la que logrará acercar a la gente el conocimiento pero sobre todo la actitud científica y con ella, abrir las puertas a la posibilidad de ser parte de una sociedad mejor informada, participativa, crítica y  corresponsable. 

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